Créditos de Biodiversidad: Contribución vs Compensación
En un contexto de creciente interés por movilizar financiamiento hacia la conservación y restauración de la naturaleza, los créditos de biodiversidad emergen como una herramienta prometedora. Sin embargo, todavía existe confusión sobre qué son, cómo se diferencian de los biodiversity offsets (o compensaciones), y qué tipos de declaraciones o claims permiten sostener.
Desde corenature, escribimos este artículo para aportar claridad a esa discusión. Diferenciamos dos lógicas centrales: contribución y compensación. La contribución busca canalizar financiamiento hacia resultados positivos adicionales para la naturaleza. La compensación, en cambio, sólo debería aplicarse cuando una empresa u organización busca compensar sus impactos residuales propios, bajo una serie de criterios mucho más estrictos.
¿Qué es un crédito de biodiversidad?
Antes de diferenciar entre compensación y contribución, conviene aclarar qué es un crédito de biodiversidad. Según la definición propuesta por la Biodiversity Credit Alliance, un crédito de biodiversidad es un certificado que representa una unidad medida y basada en evidencia de un resultado positivo para la biodiversidad. Ese resultado debe ser adicional a lo que habría ocurrido de otra manera, y duradero en el tiempo.
El Panel Asesor Internacional sobre Créditos de Biodiversidad (IAPB) distingue distintos usos posibles para estos instrumentos. En primer lugar, pueden financiar contribuciones positivas basadas en evidencia que apoyen metas globales para la naturaleza, como la conservación, la restauración y el uso sostenible de los ecosistemas, en línea con el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. En segundo lugar, pueden utilizarse para compensar impactos residuales locales generados por el propio actor que adquiere o utiliza el crédito (ya sea una empresa, organización u otro tipo de entidad), siempre que se cumplan criterios estrictos de equivalencia ecológica, adicionalidad, permanencia, trazabilidad y verificación independiente.
Para comprender mejor estas diferencias, conviene partir de la jerarquía de mitigación.
Jerarquía de Mitigación: El punto de partida
La jerarquía de mitigación es un marco conceptual y metodológico que ordena, de manera secuencial, las acciones que empresas y desarrolladores de proyectos deben aplicar para gestionar responsablemente sus impactos negativos sobre la biodiversidad.

La jerarquía de mitigación es un enfoque secuencial para gestionar impactos sobre la biodiversidad. Fuente: “The nature-positive goal and the mitigation hierarchy” – IUCN, septiembre 2025.
Bajo este enfoque, frente a un proyecto o actividad con potencial de afectar especies, hábitats o ecosistemas, la prioridad debe ser primero evitar los impactos; luego minimizarlos; después rehabilitar o restaurar las áreas afectadas; y sólo, como última instancia, compensar los impactos residuales que no pudieron ser evitados, minimizados ni restaurados.
Una vez aplicada rigurosamente la jerarquía de mitigación —y abordados los impactos residuales mediante compensaciones/offsets cuando corresponda— se abre un espacio distinto: el de las acciones adicionales de conservación (Additional Conservation Actions). En este espacio pueden ubicarse los créditos de biodiversidad cuando se utilizan como contribuciones positivas y adicionales a la naturaleza, orientadas a apoyar una transición creíble hacia objetivos Nature Positive, sin sustituir la obligación de evitar, minimizar, restaurar o compensar impactos propios.
Compensaciones de Biodiversidad (biodiversity offsets)
Los biodiversity offsets son resultados medibles de conservación diseñados para compensar impactos negativos residuales significativos sobre la biodiversidad. Es decir, se aplican únicamente frente a aquellos impactos generados por la empresa u organización, que permanecen luego de haber implementado medidas para evitar, minimizar y restaurar o rehabilitar.
Su objetivo es balancear una pérdida específica generada por un proyecto de desarrollo mediante una ganancia ecológica equivalente, buscando alcanzar un escenario de “Sin Pérdida Neta (No Net Loss)” o, idealmente, de “Ganancia Neta de Biodiversidad (Biodiversity Net Gain) / Impacto Neto Positivo (Net Positive Impact)” .
La IUCN enfatiza que los biodiversity offsets solo son apropiados para proyectos que hayan aplicado rigurosamente la jerarquía de mitigación y evaluado alternativas para evitar daños a la biodiversidad. La prioridad debe estar siempre en evitar el daño desde el inicio. Por eso, los offsets deben utilizarse únicamente como último recurso, y no como sustituto de la prevención, la minimización o la restauración.
Un principio central de los biodiversity offsets es el enfoque like-for-like (o equivalencia ecológica), que establece que la ganancia generada por una compensación debe ser comparable al impacto que busca compensar. Esto implica actuar sobre el mismo tipo de ecosistema, hábitat o especie afectada, evitando compensar la pérdida de un bosque seco, por ejemplo, mediante la restauración de un humedal o la protección de un ecosistema no equivalente. Este enfoque reconoce la no fungibilidad de la naturaleza: a diferencia del carbono, la biodiversidad es local, compleja y difícilmente intercambiable. Por eso, además de la equivalencia ecológica, suele requerirse proximidad geográfica o biogeográfica, de modo que la compensación mantenga funciones ecosistémicas, conectividad y beneficios para las comunidades locales vinculadas al área impactada.
Según la OCDE, los biodiversity offsets se implementan principalmente de tres formas:
Offset directo (permittee-led / one-off offset): la empresa u organización que desarrolla el proyecto asume directamente el diseño, financiamiento e implementación de la compensación por los impactos residuales generados por su propia actividad.
Banco de mitigación o banco de hábitat (mitigation banking / habitat banking): un tercero conserva, restaura o mejora biodiversidad en un área determinada y genera créditos verificables, que luego pueden ser adquiridos por desarrolladores de proyectos que necesitan compensar sus impactos residuales.
Pagos en su lugar (In-lieu payments): el desarrollador paga a un fondo, autoridad o entidad autorizada para que esa institución implemente la compensación en su nombre.
Actualmente, los bancos de hábitat se han consolidado como uno de los principales mecanismos para canalizar procesos de offsetting o compensación de impactos sobre la biodiversidad. En América Latina, el caso más relevante es el de Terrasos en Colombia, que en 2016 lanzó el primer banco de hábitat del país y de la región. Posteriormente, este modelo fue formalizado en Colombia mediante la Resolución 1051 de 2017 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. Este esquema permite ejecutar acciones de conservación, restauración o uso sostenible en áreas delimitadas, cuantificar ganancias de biodiversidad y convertirlas en créditos, tanto para compensaciones obligatorias como para inversiones voluntarias.
Existen experiencias similares en otros países. En Inglaterra, el esquema de Biodiversity Net Gain exige desde 2024 una ganancia mínima del 10% en biodiversidad en ciertos proyectos de desarrollo. En Nueva Gales del Sur, Australia, el antiguo BioBanking fue reemplazado por el Biodiversity Offsets Scheme (BOS). En conjunto, estos casos muestran cómo los bancos de hábitat pueden canalizar financiamiento hacia resultados positivos de biodiversidad, siempre que cuenten con reglas claras, trazabilidad y garantías de permanencia.
Contribuciones positivas y Acciones Adicionales de Conservación
Una vez seguido el orden de acción que establece la jerarquía de mitigación —evitar, minimizar, restaurar y, sólo cuando corresponda, compensar los impactos residuales— aparece un espacio distinto y complementario: el de las Acciones Adicionales de Conservación (Additional Conservation Actions o ACAs). Estas iniciativas representan intervenciones voluntarias que van más allá de las obligaciones legales o de los requisitos necesarios para mitigar los impactos directos de un proyecto.
A diferencia de los offsets, las ACAs no están diseñadas para contrarrestar una pérdida ecológica específica ni requieren demostrar una equivalencia biológica estricta entre impacto y ganancia. Su propósito es canalizar financiamiento hacia resultados positivos para la biodiversidad a escala de paisaje. Esto puede incluir el fortalecimiento de la gestión de áreas protegidas, el financiamiento de investigación científica aplicada, la restauración de corredores biológicos, la conectividad del paisaje, el monitoreo de especies, o el apoyo a la gobernanza ambiental de comunidades locales e indígenas.
En el marco de los nuevos mercados de la naturaleza, los créditos de biodiversidad pueden encontrar en las ACAs una aplicación transparente y de menor riesgo reputacional. Bajo esta modalidad, el crédito funciona como un certificado de impacto positivo verificado, sin afirmar que neutraliza o compensa una pérdida propia.
Síntesis y Reflexiones finales
En síntesis, un crédito de biodiversidad puede tener distintos usos. Puede funcionar como una contribución positiva a objetivos Nature Positive, canalizando financiamiento hacia acciones de conservación, restauración o uso sostenible; o, bajo criterios mucho más estrictos, utilizarse como mecanismo de compensación de impactos residuales.
A continuación, presentamos una tabla comparativa que resume sus principales diferencias, el lugar que ocupan en relación con la jerarquía de mitigación y los tipos de claims que cada enfoque puede sostener:

Tabla 1: Usos de los créditos de biodiversidad: diferencias entre compensación (offsets) y contribución positiva. Fuente: Elaboración propia.
*Debe existir una correspondencia clara entre la pérdida generada y la ganancia obtenida, bajo criterios de equivalencia ecológica (like-for-like), adicionalidad, permanencia, trazabilidad y verificación independiente.
Desde corenature, creemos que una condición central para fortalecer la integridad de estos mercados es desacoplar el concepto de “crédito de biodiversidad voluntario” de la narrativa de la “neutralización”. A diferencia de los créditos de carbono, que históricamente se han asociado con la compensación de emisiones, los créditos de biodiversidad no deberían interpretarse automáticamente como un mecanismo para compensar, balancear o mitigar impactos sobre la naturaleza.
La biodiversidad es altamente específica, local y no fungible: la pérdida de un ecosistema, hábitat o especie en un lugar determinado no puede ser reemplazada de manera simple por una mejora generada en otro sitio. Por eso, en la mayoría de los casos, los créditos de biodiversidad deberían entenderse como una herramienta de contribución positiva: un vehículo para canalizar financiamiento hacia resultados medibles, adicionales y verificados en conservación, restauración o uso sostenible de los ecosistemas.
Cuando existe un impacto residual propio y se busca compensarlo, el instrumento adecuado no es cualquier crédito de biodiversidad voluntario, sino un biodiversity offset, sujeto a criterios mucho más estrictos de jerarquía de mitigación, equivalencia ecológica, adicionalidad, permanencia, trazabilidad y verificación independiente.
En este sentido, diferenciar con claridad entre créditos de biodiversidad como contribución positiva y offsets de biodiversidad como compensación es clave para evitar claims exagerados, reducir riesgos de greenwashing y construir un mercado más transparente, confiable y verdaderamente orientado a generar impacto positivo para la naturaleza.
Para finalizar, consideramos que los créditos de biodiversidad pueden ayudar a movilizar recursos privados hacia territorios que hoy conservan biodiversidad estratégica pero no reciben financiamiento suficiente. En América Latina, donde se concentra una parte fundamental de la biodiversidad global, estos instrumentos podrían convertirse en una vía concreta para conectar financiamiento, conservación y desarrollo territorial. También pueden fortalecer modelos productivos regenerativos, restaurar ecosistemas degradados, mejorar la gestión de áreas de conservación y generar oportunidades económicas para las comunidades locales.
